nuestros días son los siglos de las células

febrero 23, 2009

A nivel celular, he leído, ocurren innumerables interacciones a velocidades increíbles, del orden de los nanosegundos (milmillonésimas de segundo). Luego de un momento de estupor, cae de maduro la posibilidad de imaginar el mundo desde esa perspectiva.

Lo que ocurre en tiempo normal, podríamos pensar, son las interacciones a nivel celular, mientras que todo lo que nosotros experimentamos —mover un brazo, tomar agua— sólo pasa a lo largo de años, décadas e incluso dilatados siglos celulares. Entonces llega uno a comprender —como una visión hermosa, enigmática y perturbadora, que dura unos momentos— que los seres vivos de nivel macroscópico no son solamente colecciones de trillones de células vivas que interactúan en un momento dado, sino más bien el sistema organizado resultante de lo que serían miles de años de esas interacciones.

Podemos ir más allá. Para que hagamos cosas a lo largo de los días y las semanas, no sólo necesitamos que este conjunto particular de células que somos ahora se comporte de tal manera; antes bien, necesitamos que varias generaciones de esos seres más pequeños realicen millones de tareas interlazadas.

Así, nuestras acciones cotidianas y mínimas, como caminar y pestañear, equivalen al trabajo de esos millones de organismos realizando procesos químicos durante mucho tiempo, consumiendo sus vidas en el interín. Lo interesante es que experimentamos esos períodos como si fueran instantes, justamente, porque el transcurso de nuestra conciencia depende del mismo tipo de trabajo celular. Dicho de otra manera, percibimos lo instantáneo como instantáneo sólo porque ocurre a la velocidad en que procesamos la información.

Los divulgadores científicos hacen hincapié, al intentar mostrar cuán relativo es el tiempo, en lo infinitesimal que son los milenios de vida del homo sapiens en relación a la edad de la Tierra o del universo. Para ello recurren a la metáfora de que si la vida del universo es un día, la aparición del hombre ocurre en la última fracción de segundo.

Sin embargo, no suelen enfatizar que cada vida humana es tan larga y lenta como el período entero que nos separa del big bang. Nuestros setenta años promedio son, en tiempo celular, una muy digna colección de eones, miles de miles de milenios en los que infinillones de células nacen, luchan y se consumen.

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