chilling and impersonal

noviembre 28, 2009

“The reductionist worldview is chilling and impersonal. It has to be accepted as it is, not because we like it, but because this is the way the world works.”

Weinberg, via Scientific Fundamentalist

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la ilusión del yo

noviembre 14, 2009

Cuesta imaginar cómo el comportamiento automático, según reglas en extremo simples, de muchas neuronas sin inteligencia, puede producir  un comportamiento global inteligente en el sistema. El juego de la vida de Conway ilustra esto de manera aprehensible, como ayuda a la intuición. Los píxeles negros aparecen y desaparecen (nacen y mueren) según reglas locales; puntualmente, según el número de píxeles negros adyacentes. Con todo, el comportamiento del sistema parece planeado en función de una finalidad, como si hubiera algo más que esas reglas sencillas gobernando a cada átomo. Visto como un todo, el sistema “dispara” hacia abajo.

 

juego de la vida

Gospers glider gun.

Los cerebros son sistemas como éste, pero de una complejidad tan grande que se torna inimaginable. El “yo”, la personalidad o carácter, es una abstracción que atribuye a todo el sistema un criterio único de acción, interpretando en función de una finalidad compartida. Se trata de una ficción, porque no hay tal cosa como un propósito que gobierne las acciones de cada neurona. Sin embargo, es útil porque los cerebros fueron construidos de tal modo que, de hecho, funcionan como si fueran guiados por un propósito.

En un orden de cosas bastante más simple, el comportamiento global de una inmensa bandada de pájaros da la impresión de ser independiente de sus átomos.  De nuevo, estamos ante pequeñas partes siguiendo reglas, y tenemos por resultado un comportamiento global que podríamos interpretar, crudamente, como acciones unitarias de un agente. En este caso, parece que la bandada como un todo intenta esquivar al predador. Como en el juego de la vida, es obvio que no hay tal agente: se trata de una ilusión. Lo único que hay son pájaros o píxeles, pero no una entidad global con acciones intencionales.

 

 

Así pues, nuestros cerebros son como esa bandada o como el juego de Conway. No tenemos una mente en el sentido intuitivo del término, no hay una entidad de nivel superior, un todo que sea más que las partes. Nuestro “yo” es una abstracción útil para interpretar el comportamiento global de un sistema de innumerables partes simples, que actúan mecánicamente.

Tan maravillosa es la organización de una colonia de termitas, que a muchos observadores les pareció que toda colonia de termitas tenía que tener un alma. Ahora sabemos que esa organización se debe simplemente a la presencia de un millón de agentes semiindependientes, cada uno un autómata por sí mismo, que llevan a cabo sus tareas. Tan maravillosa es la organización de un yo humano, que a muchos observadores también les ha parecido que todo ser humano tiene que tener un alma: un dictador benevolente desde su cuartel general.

Dennett, La conciencia explicada, “La realidad de los yos”