Las intuiciones en filosofía

diciembre 27, 2009

El iusnaturalismo en filosofía del derecho se alimenta de la intuición de que ciertos principios son intrínsecamente obligatorios, esto es, obligatorios en sí mismos y no en relación a nuestros sentimientos o nuestra cultura. Para los iusnaturalistas, incluso si no existiera el humano, las leyes naturales seguirían siendo obligatorias. Nadie sabe qué significa esto exactamente, pero todos parten de la fuerte intuición de que es así. El miedo al relativismo moral, por otra parte, les da una excusa para aferrarse a esa intuición, que es en el fondo ininteligible.

En filosofía de la mente, la tradición qualiófila y anti-reduccionista se alimenta de la intuición única de que lo mental es inmaterial. Afirman sin pudor que la conciencia no puede reducirse a estados fìsicos, sino que es “algo más”.

Peor aún es la filosofía que se aleja de estas intuiciones del sentido común y pretende suplantarlas con doctrinas creadas a piacere desde el sillón. Ni bien se sueltan las riendas de lo “obvio”, que al menos mantienen a los filósofos analíticos atados a la esfera predecible del prejuicio, los continentales navegan en un mar de conceptos inventados y re-inventados durante cientos de años, erigen nuevas estructuras conceptuales sobre las viejas, reciclando una y otra vez lo que otros pensaron y que desde el principio no tenía fundamento sólido en la empiria. Los más audaces intentan borrar todo y comenzar de nuevo, creando unas vaguedades ininteligibles que martirizan a cualquier joven lector que intente relacionarlas con lo real.

Así pues, la filosofía como se ha practicado hasta ahora es un cáncer del intelecto, una formación descontrolada de conceptos y teorías que se apilan o bien sobre prejuicios e intuiciones, en el mejor de los casos, o bien sobre nociones regurjitadas incontablemente durante milenios de filosofía, con total despreocupación por el fundamento empírico.

La filosofía debería ser, en cambio, un digno apéndice de la ciencia, tal vez su parte más jugosa, más interesante. Por un lado, la filosofía como la pienso debería batallar contra los prejuicios del sentido común a partir de los descubrimientos científicos. Por otro lado, debería ayudar a la ciencia misma a no caer en esos prejuicios, a no perder el camino racional, escéptico, impiadoso para con las falsas certezas y miedos humanos. La filosofía que imagino debe ser guardiana de la fría verdad, y debe recordarnos permanentemente que el mundo no es como nuestros prejuicios y deseos sugieren.

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