el fenotipo extendido

enero 5, 2011

Un parásito que deforma a los caracoles para transformarlos en carnada, los controla para exponerse al peligro y luego utiliza a los pájaros engañados para esparcirse y repetir el ciclo.

Es en estos casos extraños que la naturaleza de la vida se revela. La replicación genética es lo que define a lo vivo y los cuerpos utilizados para esta replicación son meros medios. En los casos más familiares, el cuerpo es una máquina de supervivencia construida por los mismos genes que la utilizan como medio. En el caso del parásito mencionado, poco importa que los cuerpos hayan sido construidos por otro conjunto de genes. Basta recordar que parte de nuestro propio ADN ha provenido de organismos invasores para darse cuenta de que el límite entre ambos casos es difuso y la noción de propiedad de un cuerpo respecto de ciertos genes es, en última instancia, arbitraria.

Esa idea de que un cuerpo es “propiedad” de un genoma es intuitiva pero a veces perjudicial, y puede reemplazarse por la noción más útil de fenotipo extendido (acuñada por Dawkins), según la cual el fenotipo de cierto conjunto de genes incluye cualquier efecto del ambiente por el que fueron seleccionados. Según esta perspectiva, el cuerpo del caracol con las antenas hinchadas es el fenotipo del parásito. Poco importa si el caracol es, en algún sentido, “ajeno” al parásito mismo.

La noción de fenotipo no como un organismo, entonces, sino como un abanico de efectos útiles que los genes producen en el ambiente, sirve para hacernos con una nueva idea de la vida.  En la sopa primordial, los primeros replicadores simplemente creaban copias de sí mismos a partir de los materiales que encontraban en su ambiente. No había cuerpos, sólo moleculas –los ancestros del ADN– flotando y esparciendo réplicas. Es aquí donde se percibe con claridad que la vida, en el fondo, es una actividad mecánica, desprovista de finalidad, y que los genes serán seleccionados por cualquier efecto provechoso para sí mismos que produzcan en el mundo.

Nota al pie: Nuestra vida en el sentido coloquial del término –la serie de experiencias conscientes englobadas bajo la idea de una identidad– es un subproducto de esa actividad mecánica de un tipo de moléculas (los ácidos nucleicos). Nuestras preocupaciones, anhelos y pulsiones son una estrategia de ciertos genes en la lucha ciega por la replicación, un modo ingenioso para perpetuarse. La consciencia humana que desvela a poetas, teólogos y filósofos es un sólo un fenotipo, un fenotipo con una autoestima exagerada.

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