la intención es una bolsa de pequeños mecanismos

enero 27, 2012

Konrad Lorenz comenta un experimento interesante sobre el instinto maternal en los pavos hembra. Si las pavas madres son sordas, cuando ven a sus pollitos recién nacidos los atacan y picotean hasta la muerte, con la misma actitud agresiva que tienen hacia cualquier posible amenaza que se acerca al nido. En otras palabras, si los pavos no oyen el chillido de sus crías, no las identifican como tales, sino como amenazas. Por otro lado, si se le acerca algún objeto extraño a una pava hembra, ésta lo cuidará en lugar de atacarlo, si al mismo tiempo se reproducen grabaciones de los chillidos de cría de su especie.

Ante dicha evidencia los etólogos concluyeron que hay un estímulo inhibitorio de la agresión en el chillido de las crías y que en eso se basa en gran parte el “instinto maternal”, más que en un reconocimiento y conceptualización más abstracto de “la cría”. Dice Lorenz:

Something which can be described, as a whole, as “maternal instinct” or “brood-tending instinct” evidently does not exist, nor does an innate pattern, an innate recognition of the animal’s young. The species-preserving behavior toward the young is the function of a number of phylogenetic behavior patterns, reactions, and inhibitions so organized [by evolution] that, under nomal environmental conditions, they co-operate as a systemic hole, “as though” the particular animal knew what it had to do in the interest of survival of the species. This system is what is commonly known as “instinct”.

En otras palabras, el instinto es un sistema organizado de impulsos e inhibiciones atómicas, que en conjunto hacen actuar al animal como si tuviera el propósito consciente de preservar a su cría. No hay algo así como una “intención global” de cuidar a la descendencia, sino sólo el conjunto de apetitos de corto plazo, cada uno perseguido y satisfecho por sí mismo.

PD. Ésta es la arquitectura básica de la mente y, nos es dado suponer, no es exclusiva de los pavos. Cuando nosotros –humanos– englobamos nuestras acciones dentro de un relato que les confiere sentido y finalidad, acaso seeamos menos ciegos que los pavos, pero no creo que seamos mucho menos automáticos. La cultura no suprime al conjunto de instintos mecánicos que hacen a una mente, sino que lo canaliza y resignifica. Cabría preguntarse, cuando actuamos con fines éticos, estéticos o prácticos, cuánto de ese automatismo primigenio hay en cada uno de nuestros pasos. Sólo una descripción plena de los impulsos primates que acechan al fondo de nuestra psique permitirán conseguir una ciencia psicológica verdadera.

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