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Entropía

El movimiento aleatorio de todas las moléculas del universo tiene un corolario interesante. Dado que la inmensa mayoría de los posibles arreglos de la materia carecen de sentido, es astronómicamente más probable que un sistema (aislado) evolucione hacia el desorden que hacia una configuración de esas pocas que gustaríamos en llamar organizadas. Sin embargo, la entropía de un sistema abierto (como cualquier organismo vivo) puede disminuir, pero únicamente si este cambio es acompañado de una disminución de la entalpía: “es preciso gastar energía para pagar el precio de la organización”. Para decirlo de otro modo, la entropía de un sistema abierto puede disminuir si en el proceso aumenta el desorden del sistema total que lo contiene. En relación a esto, Mathews se pone profundo en las secciones sobre termodinámica de su tomo de Bioquímica:

La vida consiste fundamentalmente en este intercambio: los organismos vivos gastan energía para superar la entropía. Cada uno de nosotros, como organismos vivos que de manera local y temporal reducimos la entropía, debemos producir un aumento de la entropía en algún lugar del mundo que nos rodea. Así, por ejemplo, cuando metabolizamos el alimento, emitimos calor y aumentamos el movimiento molecular aleatorio a nuestro alrededor. En cierto sentido, compramos nuestras vidas mediante la muerte entrópica del universo.

La complejidad funcional que caracteriza a todo lo vivo, desde el metabolismo de los procariotas hasta la sutilezas de la fisiología en los vertebrados superiores, es, vista desde lejos, un mero fenómeno accesorio a la parábola del universo ilustrada por la imagen de arriba. Una disgresión en el camino a la homogeneidad absoluta. Somos organizaciones interesantes y temporales de la materia, determinadas a morir, resultado del jiggling frenético y random de cada partícula. El vínculo entre el azar y la complejidad lo explica el darwinismo, claro.

Anaximandro

Salvando distancias, esta idea de que todo lo que existe de manera determinada proviene y se dirige hacia un todo indeterminado estaba ya en un presocrático. Wikipedia lo preambula con pompa:

De Anaximandro se conserva este texto, que es el primero de la filosofía y el primer texto en prosa de la Historia: “El principio de todas las cosas es lo indeterminado ápeiron. Allí mismo donde hay generación para las cosas, allí se produce también la destrucción, según la necesidad; en efecto, pagan las culpas unas a otras y la reparación de la injusticia, según el orden del tiempo.”

Esa injusticia se interpreta, usualmente, como una suerte de desviación de lo existente, que al adquirir ciertos atributos particulares atenta contra lo Uno Indeterminado, llámese Dios o Sarasa. La individualidad es un mal. Yo agregaría que la ‘injusticia’, en el sentido menos moral que se le pueda dar al término, no es sólo conceptual sino también fisica: en el marco de la termodinámica, como mencioné, cada organización funcional de la materia se logra a partir de un gasto de energía que incrementa la entropía total del mundo circundante.

Conclusión emo

Creo que esta moralina se aplica al derrotero de las diversas Historias anidadas: la historia del sistema solar y la formación de sus cuerpos celestes, la historia de la evolución de la vida en el planeta, la historia de las civilizaciones humanas y, finalmente, la biografía de cada individuo. Cada uno de estos fenómenos es una manifestación de esa organización o complejidad que parasitan temporariamente al cosmos. Los más cristianos querrían ver una afrenta hacia el Todo en esa existencia mundana, pero se equivocan. Lo Absoluto no tiene más valor que un bacilo de coli  pululando en las regiones terminales del tracto gastrointestinal. Esa finitud de todo lo existente no les quita valor a las cosas, porque simplemente no existe cosa alguna llamada “valor” en nada de lo que hay. Fin.

Si se me permite la asociación libre, esa imagen de arriba de todo se puede vincular a la tercera sinfonía de Górecki: en el comienzo y en el fin hay largos períodos de creciente y decreciente intensidad, respectivamente; en el medio habitan unos pasajes desgarradores, plenos de dolor. Para que la analogía sea lo que quiero que sea, el dolor debería interpretarse de la manera menos humana posible: no como el berrinche sentimental de primates pretenciosos, sino como la injusticia de Anaximandro. Cosas y seres consumiéndose entre sí, desintegrándose mutuamente; esa pornografía de destrucción que encontramos en los ecosistemas tropicales y, si ampliamos el marco temporal, en las galaxias cuando colisionan.

 

PD. Me gusta bastante la idea del Big Rip: una agonía lenta y estirada para el cosmos, repleta de tedio. Sirve para burlarse de ese frenesí desesperado y ridículo que tiene todo lo vivo. Tres hurras por la muerte de la química: cuando los átomos dejen de interactuar entre sí y formar compuestos, todo se verá cómico en retrospectiva.