la ilusión del yo

noviembre 14, 2009

Cuesta imaginar cómo el comportamiento automático, según reglas en extremo simples, de muchas neuronas sin inteligencia, puede producir  un comportamiento global inteligente en el sistema. El juego de la vida de Conway ilustra esto de manera aprehensible, como ayuda a la intuición. Los píxeles negros aparecen y desaparecen (nacen y mueren) según reglas locales; puntualmente, según el número de píxeles negros adyacentes. Con todo, el comportamiento del sistema parece planeado en función de una finalidad, como si hubiera algo más que esas reglas sencillas gobernando a cada átomo. Visto como un todo, el sistema “dispara” hacia abajo.

 

juego de la vida

Gospers glider gun.

Los cerebros son sistemas como éste, pero de una complejidad tan grande que se torna inimaginable. El “yo”, la personalidad o carácter, es una abstracción que atribuye a todo el sistema un criterio único de acción, interpretando en función de una finalidad compartida. Se trata de una ficción, porque no hay tal cosa como un propósito que gobierne las acciones de cada neurona. Sin embargo, es útil porque los cerebros fueron construidos de tal modo que, de hecho, funcionan como si fueran guiados por un propósito.

En un orden de cosas bastante más simple, el comportamiento global de una inmensa bandada de pájaros da la impresión de ser independiente de sus átomos.  De nuevo, estamos ante pequeñas partes siguiendo reglas, y tenemos por resultado un comportamiento global que podríamos interpretar, crudamente, como acciones unitarias de un agente. En este caso, parece que la bandada como un todo intenta esquivar al predador. Como en el juego de la vida, es obvio que no hay tal agente: se trata de una ilusión. Lo único que hay son pájaros o píxeles, pero no una entidad global con acciones intencionales.

 

 

Así pues, nuestros cerebros son como esa bandada o como el juego de Conway. No tenemos una mente en el sentido intuitivo del término, no hay una entidad de nivel superior, un todo que sea más que las partes. Nuestro “yo” es una abstracción útil para interpretar el comportamiento global de un sistema de innumerables partes simples, que actúan mecánicamente.

Tan maravillosa es la organización de una colonia de termitas, que a muchos observadores les pareció que toda colonia de termitas tenía que tener un alma. Ahora sabemos que esa organización se debe simplemente a la presencia de un millón de agentes semiindependientes, cada uno un autómata por sí mismo, que llevan a cabo sus tareas. Tan maravillosa es la organización de un yo humano, que a muchos observadores también les ha parecido que todo ser humano tiene que tener un alma: un dictador benevolente desde su cuartel general.

Dennett, La conciencia explicada, “La realidad de los yos”

 

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la visión memética

octubre 3, 2009

Moot explica por qué 4chan es una factoría de memes:

Entrevistador: One of the most interesting things about 4chan is that nothing gets archived. Threads disappear within an hour. It’s a contradiction — 4chan is known for creating memes, yet it’s designed for them to die so quickly.

Moot: The lack of retention lends itself to having fresh content. The joke is that 4chan post is a repost of a repost of a repost. There was a guy who was downloading every image from /b/. He calculated that 80 percent of what’s posted has been posted before. So it’s survival of the fittest. Ideas that are carried over to the next day are worth repeating. The things that are genuinely funny get carried over.

The reason we’re seen as a meme generation factory is because of the unique qualities of the image board and the lack of retention. On other bulletin boards, threads are archived indefinitely. All the big threads have been around for months or years. But with 4chan, something has to be really good to keep getting posted.

La explicación es simple, pero a la vez reveladora. Dada la competencia, sólo sobrevivirán las imágenes que más provoquen su replicación. Por eso 4chan es la cuna de tanto buen material.

Una vez que uno internaliza la visión memética sobre la cultura, comienza a sorprenderse con cosas que antes se aceptaban como dadas. Cualquier elemento es pasible de ser mirado con nuevos ojos. Los autos, por ejemplo, son increíbles colecciones de buenas ideas. Desde cada parte del motor hasta la manija que sube y baja la ventanilla, cómo se traban las puertas o el espejo retrovisor, con la posibilidad de cambiar su inclinación. Podría incluso asombrarme de los tornillos, las tuercas y los engranajes, que son también grandes ideas popularizadas en todo el mundo.

Más en general, es interesante observar que en la ciudad no hay nada que permanezca como era en la naturaleza. Es decir, en varios kilómetros a la redonda no hay un trozo de material “intacto”. Hasta los árboles fueron puestos por los humanos, hasta los parques están diseñados. Cualquier artefacto o mecanismo con que nos topemos, cualquier cosa que veamos en la habitación, el edificio o la ciudad, es el resultado de miles de años de cultura depurada, de buenas ideas luchando entre sí por sobrevivir. Estamos ante los ganadores de la lucha. Cada aparatito, por más nimio que parezca (un alicate, digamos), es el resultado de incontables pequeñas buenas ideas de hombres distintos, a lo largo de la historia, hombres que no se conocieron entre sí, inventores perdidos de distintos países y tiempos cuyas ideas fueron transmitidas por lo útiles y atractivas que resultaron.

Cuando uno piensa en esto lo suficiente como para hacerlo parte de su percepción, cuando uno comienza a verlo automáticamente en las cosas, por fin puede sentir en carne propia lo poderoso de la fuerza evolutiva. La cultura es lo que es no gracias al “Genio Humano”, sino por la autómatica depuración que sufre cualquier clase de entidades replicantes sometidas a una presión selectiva durante el tiempo suficiente. Los pueblos humanos no se propusieron crear las ciudades con sus avenidas, los autos con sus intrincados mecanismos, los ingeniosos alicates. La cultura simplemente ocurre, como efecto de la selección permanente a la que las ideas –los memes– son sometidas.

Hay que entender, pues, que la fuerza de la evolución es magnífica. Ningún ser humano podría haber ideado por sí mismo, en el transcurso de una vida, cómo hacer el fuego, extraer los metales, moldearlos, etc., hasta producir un mero tornillo. Y lo más importante es que cada uno de estos inventos no es el resultado de brillantes ideas de genios de su tiempo, sino que es consecuencia de algo mucho más mundano: el ensayo y error multiplicado por los miles de millones de humanos que poblaron la tierra, durante todos los días de su vida. Nadie pensó, en una noche de reflexión brillante, que podría extraer los metales de las montañas para fabricar provechosas herramientas. Los humanos simplemente lo descubrieron paso a paso, casi seguro por accidente, y al ver que era bueno lo repitieron. Este proceso ocurrió para cada buena idea, durante decenas de miles de años, hasta llegar a nosotros. El humano no es más que un primate afortunado, cuya mente ha servido como medio para el desarrollo de la cultura, desarrollo que no obedece los designios de nadie.

Me asalta la idea de que somos formaciones gigantes de materia, montañas descomunales que se mueven en espacios igualmente enormes. La vida es originariamente microscópica y ésa es la perspectiva a tomar. Somos amontonamientos grotescos de células; cada zona del cuerpo es un continente con su geografía particular. Un visitante microscópico podría pasearse a un lado de los poros y los pliegues de la piel como ante cráteres y desfiladeros mortales de un planeta inhóspito. Los pelos delicados del brazo serían torres imperiales erguidas en curva hacia el cielo, monstruosos cilindros interminables, que por fin hacen contacto con el horizonte, en una lejanía inalcanzable. Cada tanto uno de los pelos no caería hacia el brazo, sino que se elevaría más allá del cielo, como una Babel terminada.

Is no one inspired by our present picture of the universe? This value of science remains unsung by singers: you are reduced to hearing not a song or poem, but an evening lecture about it. This is not yet a scientific age.

Perhaps one of the reasons for this silence is that you have to know how to read music. For instance, the scientific article may say, ‘The radioactive phosphorus content of the cerebrum of the rat decreases to one- half in a period of two weeks.’ Now what does that mean?

It means that phosphorus that is in the brain of a rat—and also in mine, and yours—is not the same phosphorus as it was two weeks ago. It means the atoms that are in the brain are being replaced: the ones that were there before have gone away.

So what is this mind of ours: what are these atoms with consciousness? Last week’s potatoes! They now can remember what was going on in my mind a year ago—a mind which has long ago been replaced. To note that the thing I call my individuality is only a pattern or dance, that is what it means when one discovers how long it takes for the atoms of the brain to be replaced by other atoms. The atoms come into my brain, dance a dance, and then go out—there are always new atoms, but always doing the same dance, remembering what the dance was yesterday.

A nivel celular, he leído, ocurren innumerables interacciones a velocidades increíbles, del orden de los nanosegundos (milmillonésimas de segundo). Luego de un momento de estupor, cae de maduro la posibilidad de imaginar el mundo desde esa perspectiva.

Lo que ocurre en tiempo normal, podríamos pensar, son las interacciones a nivel celular, mientras que todo lo que nosotros experimentamos —mover un brazo, tomar agua— sólo pasa a lo largo de años, décadas e incluso dilatados siglos celulares. Entonces llega uno a comprender —como una visión hermosa, enigmática y perturbadora, que dura unos momentos— que los seres vivos de nivel macroscópico no son solamente colecciones de trillones de células vivas que interactúan en un momento dado, sino más bien el sistema organizado resultante de lo que serían miles de años de esas interacciones.

Podemos ir más allá. Para que hagamos cosas a lo largo de los días y las semanas, no sólo necesitamos que este conjunto particular de células que somos ahora se comporte de tal manera; antes bien, necesitamos que varias generaciones de esos seres más pequeños realicen millones de tareas interlazadas.

Así, nuestras acciones cotidianas y mínimas, como caminar y pestañear, equivalen al trabajo de esos millones de organismos realizando procesos químicos durante mucho tiempo, consumiendo sus vidas en el interín. Lo interesante es que experimentamos esos períodos como si fueran instantes, justamente, porque el transcurso de nuestra conciencia depende del mismo tipo de trabajo celular. Dicho de otra manera, percibimos lo instantáneo como instantáneo sólo porque ocurre a la velocidad en que procesamos la información.

Los divulgadores científicos hacen hincapié, al intentar mostrar cuán relativo es el tiempo, en lo infinitesimal que son los milenios de vida del homo sapiens en relación a la edad de la Tierra o del universo. Para ello recurren a la metáfora de que si la vida del universo es un día, la aparición del hombre ocurre en la última fracción de segundo.

Sin embargo, no suelen enfatizar que cada vida humana es tan larga y lenta como el período entero que nos separa del big bang. Nuestros setenta años promedio son, en tiempo celular, una muy digna colección de eones, miles de miles de milenios en los que infinillones de células nacen, luchan y se consumen.